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Cerámica Veratense

El origen propiamente dicho de la cerámica en general está en la prehistoria, cuando se desconocía el torno y se hacía a mano o bien sobre soporte de tejidos vegetales o madera y simplemente se secaba al sol, llegando poco a poco al conocimiento de su cocción en el fuego de hogueras y después en hornos rudimentarios; naturalmente eran porosos y deleznables; después se sometieron a la cocción del fuego controlado para endurecerlos y finalmente se impermeabilizaban cubriendo con una capa de “engobe” o “barniz”. Y ya en época tardo romana e hispano-musulmana con vidriado con la que llegaría al esplendor de las técnicas. Esta cerámica vidriada y policromada fue introducida desde el siglo X por los musulmanes de Oriente y hubo importantes manufacturadas en Almería y provincia, principalmente en Pechina (Bayyana), Nijar y otros pueblos como Sorbas, Albox…

En Vera, se han estado fabricando objetos de barro de pervivencias y tradición artesanal de más de 7 generaciones conocidas. Estos productos comprendían desde ladrillos y otros materiales de construcción, artículos de alfarería/ como macetas, cantaros, botijos, ollas, tazas, jarras, jarrones, orzas, recubiertos con cordón en relieve, hasta conos de desagüe para los “terrados”.

Según la tecnología alfarera popular para la cerámica cocida, los materiales de tierras se pulverizan o se muelen con molino de piedra, mezclándose con agua para formar una pasta que se comprime manualmente o con los pies y se moldea para darle la forma deseada en el torno, después de los cual se cuece en el horno a elevadas temperaturas. La cerámica de barro blanco sin decoración es la más común y característica/ en estos alfares.

Es interesante la variada cerámica de la alfarería veratense, las piezas cerámicas son únicas, no repitiéndose en ningún otro lugar, realizadas según la más pura tradición artesana, respetándose toda la variante de formas, barro, técnicas y cocción, de las originales encontradas en las cercanas ruinas hispanomusulmanas de la ciudad de Bayra, en el cerro del Espíritu Santo, próximas al barrio alfarero de Las Cantarerías/ en los arrabales del pueblo, obteniéndose dichas tipologías y barro según las técnicas ancestrales aprendida por tradición como la mezcla de dos tipos de tierras, recogidas en la misma zona, para conseguir el característico aspecto blanquecino y poroso de la pasta y refrescante para contener agua y vinos.

Jarras abiertas en corolas como flores, de cuatro, cinco y seis picos, con curvas dulces y formas equilibradas, botijos modernos, vasos. caracterizan la alfarería de Salvador, heredero de la sexta generación de la familia Hernández, quien sabe seguir la tradición de sus antepasados y aporta su diseño original a este gran legado artesano.

La Jarra de Cinco Picos, tienen su reminiscencia en las formas cerámicas hispanomusulmanas de Bayra. Junto a esta jarra, en Vera aun se fabrican otras piezas características de la alfarería para el agua como cántaros, botijos, cantarillas y otros objetos.

 

Una variedad de la jarra de cinco picos va provista de cuatro falsos pitorros y cinco picos en la boca. El nombre de 'jarra trampa' proviene del cerramiento que tiene el cuerpo al inicio anterior del cuello, lo que hace que, al intentar beber por cualquiera de los pitorros, se derrame el agua por la boca.