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Lectura La Reina de las Nieves.

Primera historia: el espejo
Érase una vez, un malvado mago que creó un enorme espejo capaz de reflejar todo aquello que era bueno y hermoso como algo feo y corrompido. Para conseguir que este hechizo tuviera efecto en gentes muy distintas, el mago llevó su espejo por todo el mundo, hasta que, unas aves intentaron llevarlo al cielo. Durante el vuelo, el espejo se iba volviendo cada vez más pesado hasta que, finalmente se escapó de entre sus garras estrellándose contra la Tierra y rompiéndose en cientos de pequeños pedazos. El espejo se volvió así más peligroso ya que, esos fragmentos se incrustaron en los ojos de las personas haciendo que todo lo que veían, se volviera gris y desagradable. Y peor aun, algunos fragmentos quedaron alojados en sus corazones, volviéndose fríos como el hielo.

Segunda historia: dos niños pequeños
Kay y Gerda eran vecinos y además, los mejores amigos. Cuando llegaba el invierno, se sentaban junto a la abuela de Kay para escuchar las historias de la Reina de las Nieves, una mujer que deambulaba por la Tierra convirtiendo todo lo que tocaba en hielo.

Una noche, Kay vio un copo de nieve enorme que, de pronto, tomó la forma de una hermosa mujer que lo llamaba. La imagen quedó alojada en sus recuerdos durante todo el invierno.

Al llegar el verano, Gerda y él, estaban en un jardín de rosas, cuando Kay sintió que un fragmento del espejo del mago perforaba su ojo y otro, su corazón. En ese mismo instante, Kay se volvió cruel y malvado y comenzó a atormentar a Gerda.

Al llegar de nuevo el invierno, volvió a ver a la Reina de las Nieves, subida en un magnífico trineo blanco, pero, al pasar junto a él, arrastró al pequeño Kay con ella, llevándolo cautivo a su palacio de hielo.

Tercera historia: El jardín de flores

Aquel día de invierno, fue el último que vieron a Kay, Gerda, destrozada se propuso encontrarlo. En su esfuerzo por descubrir su paradero, subió a un bote y navegó río abajo alejándose de la ciudad. Tiempo después, encontró a una anciana que la rescató del bote y quiso cuidarla como si fuera su propia hija. Gerda, atraída por la calidez de la anciana, se quedó con ella durante el invierno hasta que, al llegar la primavera, recordó a su amigo Kay y decidió continuar su búsqueda. 

Cuarta historia: el príncipe y la princesa
Agotada, helada y muerta de hambre, Gerda encontró en su camino a un cuervo, a quien preguntó por su amigo Kay. Este le dijo que se había casado con una princesa que vivía en un palacio cercano al bosque. Gerda decidió ir hasta el palacio y comprobar por ella misma si aquello era cierto. Y allí se dio cuenta que el príncipe no era Kay, sin embargo, príncipe y princesa se apiadaron de ella, le dieron comida, ropa y un carruaje y prosiguió su camino.

Quinta historia: la niña ladrona
El carruaje dorado de Gerda no tardó en llamar la atención de los ladrones quienes se llevaron todas sus nuevas posesiones pero, se apiadaron de ella y decidieron no matarla a cambio de que permaneciera cautiva y se convirtiera en ladrona. Al poco tiempo, una niña perteneciente al clan de los ladrones se apiadó de ella, le dio ropa y le pidió a otra de las niñas que la acompañara como guía por los desiertos helados en busca de Kay. Y es que, unas palomas le habían dado la pista de que Kay había sido conducido al norte por la Reina de las Nieves.

Sexta historia: la mujer lapona
Después de un largo viaje, Gerda llegó a la casa de una mujer lapona a quién le contó sus aventuras para encontrar a Kay. Por suerte, ella conocía la ubicación del palacio de la Reina de las Nieves pero, le avisó que debía ir sola. Gerda inició de nuevo su viaje pero, olvidó sus botas y tuvo que andar descalza por el  hielo y la nieve y, helada y extenuada, llegó al palacio.

Séptima historia: el Palacio de la Reina de las Nieves

Durante todo aquel tiempo en el que que Gerda había buscado a Kay, este se había quedado con la Reina de las Nieves. Estaba azul por el frío, pero no sentía nada. Al entrar Gerda al palacio se encontró con su amigo haciendo un puzle con pedazos de hielo y, a verle, comenzó a llorar por él.

Fueron sus cálidas lágrimas las que derritieron el fragmento del espejo en el corazón de Kay quien también comenzó a llorar haciendo salir el otro fragmento de hielo que tenía en su ojo. 

Ambos huyeron rápidamente antes de que la Reina de las Nieves regresara y recorrieron el camino de vuelta encontrándose con todos los personajes que Gerda encontró en su camino. La chica ladrona había emprendido viaje, el príncipe y la princesa estaban visitando otras tierras, el cuervo del bosque había muerto y, al llegar a su casa, las rosas del verano inundaban su jardín llenando de alegría sus corazones.